miércoles, 4 de diciembre de 2024

A 107 años del natalicio del compañero Juan Carlos Brid .

 


Nació un 4 de diciembre de 1917. Era pintor de brocha gorda. 

Nació y vivió toda su existencia en Tigre, provincia de Buenos Aires. 

Fue el más chico de cinco hermanos. 

No fue un activo participante de la política pero siempre se consideró un peronista de ley. 

Cuando sucedió el bombardeo a Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955, estaba cerca de allí debido a su trabajo. 

Acudió a la plaza, para defender al Gobierno Constitucional y con otros autoconvocados, intentaron asaltar una armería y hacerse de elementos para salir a defender al gobierno del pueblo, con el fin de atacar a los marinos insurrectos que, por esas horas, se atrincheraban en su Ministerio. 

Después de la caída de Perón se transformó en miembro activo de la Resistencia Peronista y se "anotó en todas". 

Lo encarcelaron, le dieron feroces palizas, lo torturaron y lo persiguieron permanentemente. 

Cuando los años pasaban y los nóveles peronistas de los ’70 le preguntaban como se habían organizado en esos 18 años de lucha, él les contestaba: “Empezamos así nomás, a la que te criaste...”. 

Juan Carlos “El Alambre” Brid fue secuestrado durante la última dictadura militar junto con su hijo David Jorge Brid y encerrado en la “Mansión Seré”, de Ituzaingó, dependiente de la Fuerza Aérea Argentina. Lo sacaron de su casa de San Fernando, provincia de Buenos Aires, el 7 de octubre de 1977, para que Nunca más apareciera con vida. 

Tiempo mas tarde su hijo culpó, del secuestro, a un primo de su madre  (Sergio Alberto Gianotti, con teórico pasado en la Guardia Restauradora Nacionalista), al que sindicó como entregador 

miércoles, 28 de febrero de 2024

Hace 71 años de plasmaba el "Decálogo Americanista" de hermandad entre los Pueblos de Argentina y Chile.

 



1.-Cada argentino debe saber que los pueblos de Chile y de Argentina, conservando la plenitud de sus soberanías nacionales, son real y efectivamente pueblos hermanos y, en consecuencia, debemos trabajar por la grandeza de Chile y por la felicidad de su pueblo con la misma fe y con el mismo amor con que trabajamos por nuestra propia felicidad.

2.-Desde hoy los chilenos serán considerados compatriotas por todos los argentinos, y ésta debe ser una consigna de honor nacional.

3.-Cada argentino debe comprometerse a trabajar en su puesto por el acercamiento material y espiritual de los pueblos de Argentina y Chile.

4.-El Gobierno, el Estado y el Pueblo argentinos arbitrarán todos los recursos y medios que contribuyan a consolidar en Chile la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política, del mismo modo que luchamos por las nuestras, porque ellas son las únicas bases de la unión comprometida.

5.-La unión argentino-chilena no ha excluido ni excluye la futura adhesión de los pueblos hermanos de América sobre las mismas bases de Justicia Social, Independencia Económica y de Soberanía Política.

6.-Las organizaciones sociales, económicas y políticas del pueblo argentino habrán de promover la máxima vinculación posible con sus similares chilenas, a fin de realizar una acción armónica y solidaria en defensa de los intereses comunes. El gobierno prestará su más amplio apoyo a estas vinculaciones entre los pueblos hermanos.

7.-La legislación general argentina deberá corresponder en el futuro a la unión de los pueblos de Chile y de Argentina.

8.-Los organismos del Gobierno y del Estado, en la Nación y en las provincias, particularmente en las provincias y territorios limítrofes con la hermana República

de Chile, coordinarán su acción con sus similares chilenas sobre bases de real y leal sinceridad.

9.-Todo acto contrario a los intereses comunes de la unión de los pueblos argentino y chileno será considerado por los argentinos como una falta de honor en relación con el compromiso contraído.

10.-Los pueblos de Argentina y Chile son depositarios absolutos de esta alianza puesta bajo la protección de Dios, fuente de todo amor, de toda justicia y de toda libertad".

martes, 14 de marzo de 2023

Hace 58 años Perón le escribía, desde Madrid, a Osvaldo Maurín: "O nos liberamos nosotros o nos liberarán los chinos...Ya el problema no es ideológico como han pretendido hacernos creer."

 



Carta al Sr. Osvaldo Maurin 14 de marzo de 1965 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 14 de marzo de 1965.


Al Sr. Osvaldo Maurin


Nueva York


Mi querido amigo:


He recibido su carta del 23 de febrero pasado, como asimismo las que me remite desde allí del Tte. Coronel Librera, Tte. General Solari y de los Empleados Bancarios y del compañero Alonso, y le agradezco su atención como su saludo que retribuyo con mi mayor afecto.


Es indudable que nuestra gente se encuentra en estado de agitación general como consecuencia de cuanto está pasando en la Patria, pero no es menos indudable que no consiguen canalizar sus inquietudes en una acción de conjunto. Ello es consecuencia de la falta de una dirección unificada que sólo se podrá conseguir si todos los peronistas y, en especial los dirigentes, se persuaden de la necesidad de llegar a una absoluta unidad y solidaridad. El punto de partida para lograrlo es que se obre con grandeza y se descarten los intereses personales y de círculo, para dedicarse con fe y entusiasmo a la tarea común de liberar al país del dominio externo y al pueblo de la iniquidad interior.


El problema argentino es el problema del mundo: la liberación ¿No pasa lo mismo en Brasil, Colombia, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Perú, etc., etc.? ¿Acaso lo de Vietnam no es lo mismo? ¿No lo es también en Polonia, Bulgaria, Hungría, Rumania, etc., etc.? Este mundo occidental, tan mal calificado como "mundo libre", es una descarada simulación de valores inexistentes, un mundo en decadencia, en el que lo único sublime de las virtudes es su enunciado. Los hombrecillos encumbrados que ven el peligro, tiemblan pero no se corrigen. Así vamos marchando hacia el abismo porque otro mundo nuevo, con valores reales, avanza desde Oriente con la intención de tomar el mando de la Historia. O nos liberamos nosotros o nos liberarán los chinos...Ya el problema no es ideológico como han pretendido hacernos creer. El capitalismo unido al comunismo desde Yalta, donde se repartieron el mundo para su dominio y explotación, no dejan otra disyuntiva que un "Tercer Mundo" en una lucha a muerte por la liberación. Tanto al Este como al Oeste de la famosa Cortina esa lucha se generaliza en la actualidad, porque el problema ha pasado a ser el imperialismo comunista al Este y capitalismo al Oeste, respectivamente.


Hace veinte años nosotros, los justicialistas, lanzamos al mundo nuestra "Tercera posición" que aparentemente cayó en el vacío; pero, han pasado los años y hoy más de las dos terceras partes del mundo se encuentran inclinadas a seguirla. Así como el Gran Mao encabeza al Asia, Nasser al Africa o De Gaulle a Europa, en tanto muchos millones de hombres de todas las latitudes de la Tierra luchan con igual sentido: por liberación del azote imperialista. Ese es el problema.


Nosotros sucumbimos porque la liberación, en las condiciones actuales del mundo, es una tarea de conjunto. Nosotros hicimos una liberación argentina aislada y rodeada de cipayos, con una gran infiltración interior y no pudimos resistir más de los diez años que duró nuestro Gobierno Justicialista al ataque del mundo exterior. Por eso, en la tarea de liberación que intenta el mundo actual, estamos también comprometidos nosotros y la solución ha de llegar, precisamente, con la liberación de los demás.


Este esquema nos obliga a realizar una tarea cuyo esfuerzo ha de estar en razón directa a la capacidad de liberación del pueblo argentino y a las condiciones en que la liberación se va realizando en otras partes. Si comprendemos esta situación dentro del panorama de un mundo integrado, comprenderemos también la necesidad de una preparación adecuada y una realización decidida y enérgica. Queda por establecer si el pueblo argentino es capaz del sacrificio que la misión impone y del esfuerzo que su ejecución presupone.


Hemos impartido, a los órganos de conducción del Movimiento Peronista, las directivas que, en este sentido, pueden ser más racionales y espero que se puedan realizar, porque ya es tiempo que el Justicialismo sea capaz de conducirse por sí, sin necesidad de tener que recurrir a mí ¡That is the question!, como dirían sus vecinos en Nueva York. Yo he de contestar a los compañeros cuyas cartas me hace llegar, pero como no es posible hacerlo por correo, esperaré a que una persona de confianza deba viajar de aquí a nuestro país. Le ruego "que, si Usted les escribe, se lo anticipe. Muchas gracias.


Le ruego asimismo que salude a los amigos y compañeros que se pongan a tiro.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan D. Perón.


martes, 9 de noviembre de 2021

Se cumplen 52 años de esta carta de Perón al General nicaragüense Alfonso Valle: "monseñor Antonio Plaza, acaba de afirmar rotundamente que no fue el peronismo el que quemó las cuatro iglesias, depredación con la que se nos quiso enlodar inicuamente."

 Carta al General Don Alfonso Valle 9 de Noviembre de 1969



Escrito por Juan Domingo Perón. 


Ciudad Trujillo, 9 de Noviembre de 1969


Señor General Don Alfonso Valle


Ciudad de León


República de Nicaragua


Mi querido amigo:


Un remitente anónimo me ha hecho llegar desde Managua un volante firmado por Usted, titulado "¡ Qué vergüenza! ", en el cual encuentro, además de una exposición terminantemente clara y valiente, la defensa de los principios cristianos acerca de la hospitalidad, respaldados, en materia de derecho de asilo, por convenciones internacionales que han comprometido el honor de los gobiernos y de los Pueblos como garantía de su cumpli­miento.


Tengo que agradecerle profundamente, aunque un poco a destiempo, ese vibrante alegato que mucho lo honra a Usted como hombre, como militar y como nicaragüense.


Durante mi gestión de gobierno, respeté el derecho de asilo contra todas las presiones internas y externas, habiendo llegado éstas a ser verdaderamente extorsivas. Como Jefe de Estado brindé la hospitalidad argentina sin restricciones de ninguna naturaleza. Para otorgarla, en dramáticas circunstancias de persecución política; tampoco hubo limitaciones para los perseguidos, cualquiera fuese su condición, salvo los que impone el mismo derecho que nosotros mantuvimos siempre en vigilancia. Puedo asegurarle, estimado General, que, colocado yo en la desventurada situación de los proscriptos, no encontré reciprocidad con excepción de casos aislados que Usted conoce. Ello me ha demostrado que la tan cacareada democracia es una ficción en los hechos provocados por los infames heraldos que más la proclaman, para poder servirse de ella más ventajosamente, en vez de servirla con honradez y dignidad.


En cuanto a mi "tiranía", no hay un solo caso de procedimiento inconstitucional o en pugna con las leyes en mis diez años de Gobierno, surgido éste de las elecciones más limpias de que haya memoria en la Argentina. Sobre la "persecución" religiosa de que mi Gobierno habría hecho al clero, está toda mi obra que la desmiente: enseñanza obligatoria religiosa en escuelas y colegios, que ningún gobierno se había atrevido a otorgar a la Iglesia; asesor eclesiástico adscripto a la Presidencia de la Nación; construcción de numerosos templos; pago total de los gastos a los colegios religiosos incorporados a la enseñanza oficial; ceremonias oficiales presididas por mí, para exaltar la fe en Cristo. En fin, tendría tema, en este asunto, para escribirle muy largo.


Los causantes directos de estos males fueron los monseñores Tato y Novoa, que fueron expulsados del país, y no encarcela­dos, por conspirar contra el Gobierno y la Patria, unidos a las fuerzas que hoy han llevado al Pueblo a la miseria y al país a la ignominia de la esclavitud política y económica.


¿Cómo siendo nuestro Gobierno tan favorable a la Iglesia fue objeto de la rebelión de un sector del clero? Un poco por ignorancia, otro poco por ingenuidad y el resto por las bajas pasiones, extremos que fueron hábilmente aprovechados por las clases conservadoras que no se resginaban a ceder parte de sus privilegios en beneficio del Pueblo, y por los partidos de extrema izquierda, a los cuales el peronismo les había quitado su clientela de votos.


Hoy, un obispo, el Jefe de la Iglesia en La Plata, monseñor Antonio Plaza, acaba de afirmar rotundamente que no fue el peronismo el que quemó las cuatro iglesias, depredación con la que se nos quiso enlodar inicuamente. La misma Iglesia se decide, al parecer, a hacernos justicia.


En cuanto a la "ferocidad" de mi Gobierno la verdad es ésta: el Teniente coronel Ducó quiso abatirnos con una revolución; a continuación el General Rawson, y enseguida otros jefes, en Córdoba, intentaron otro golpe. El Coronel Suárez repitió la chirinada, y fue seguido después por el General Menéndez con otro golpe. El 16 de junio los marinos bombardearon la ciudad de Buenos Aires sin previo aviso, ocasionando centenares de muertos y, finalmente el 16 de setiembre del mismo año de 1955, se produjo la revolución de Lonardi. En nueve años se nos hicieron siete revoluciones. Pudiendo hacerlo, bajo el imperio de la ley marcial, no fusilé a nadie. En 10 años de Gobierno no hay un solo muerto que pueda pesar sobre mi conciencia o sobre el espíritu cristiano de mi gobierno.


En cambio, los mismos que por mí fueron perdonados, fusilaron 150 personas el 9 de junio de 1956, de las cuales sólo 45 figuran en el parte oficial del bárbaro gobierno de Rojas y Aramburu. El resto fue fusilado en las canchas de fútbol y en los basurales, en donde eran sacrificados con descargas de ametralladoras a medida que los bajaban de los camiones. He aquí los demócratas de los cuales se cuentan tantas alabanzas.


Que nosotros tuvimos razón en tratar de impedir la actividad de los conspiradores, lo proclama con elocuencia la actual realidad argentina, expresada en una catástrofe moral y física como jamás la ha padecido la República.


Esta somera mención de hechos bien conocidos en la Argentina, no tiene otro objeto que el de llevarle a Usted en una apurada síntesis, la seguridad de que en su noble volante ha defendido la verdad y la justicia, aunque, con buen criterio, se abstuvo de caer en los análisis de carácter político.


Mi reparación y mi premio ya están concedidos por el pueblo argentino, oponiendo a los que usurparon el Poder una masa justicialista más numerosa que nunca, más leal y disciplinada de lo que nuestros enemigos podían esperar.


Dos caminos tiene un Jefe de Estado: ser complaciente con los explotadores del Pueblo uniéndose a ellos, o servir al Pueblo contra sus explotadores. El primero está sembrado de rosas, de aplausos nacionales e internacionales y de títulos que se otorgan en nombre de la Libertad y de la Democracia. Pero contiene el sordo repudio de' las masas oprimidas. El segundo camino concede el amor del Pueblo y el odio de sus enemigos. Es difícil de transitar, a veces se torna trágico, y los padecimientos de todo orden son el oxígeno vital que espera al Jefe de Estado que se atreve a recorrerlo. Yo elegí este camino.


Mi querido amigo, me congratulo de habér tenido conocimiento de su hidalguía, por la que le hago llegar mi gratitud en un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón


viernes, 1 de mayo de 2020

Perón hablaba en su último Día del Trabajador hace 46 años





DISCURSO ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA AL INAUGURAR EL 99º PERÍODO DE SESIONES ORDINARIAS Juan Domingo Perón [1 de Mayo de 1974] 


Antes de dar lectura al mensaje del Poder Ejecutivo, deseo presentar en nombre de éste, el más profundo agradecimiento a los señores Legisladores, que han hecho posible la aprobación de leyes que eran absolutamente indispensables. Y en esto quiero también rendir homenaje a los señores senadores y diputados de la oposición, que con una actitud altamente patriótica no han hecho una oposición sino una colaboración permanente que el Poder Ejecutivo aprecia en su más alto valor.
En una ocasión solemne como ésta, ante un Congreso reunido en idéntica oportunidad a la de hoy, hace exactamente veinte años, dije al pueblo argentino dirigiéndome a sus representantes: “Nunca me he sentido otra cosa que un hombre demasiado humilde al servicio de una causa siempre demasiado grande para mí, y no hubiese aceptado nunca mi destino si no fuera porque siempre me decidió el apoyo cordial de nuestro pueblo”.
La conformación de nuestra doctrina, que pueden aceptar todos los argentinos, porque tiene caracteres de solución universal - y que incluso, puede ser aplicada como solución humana a la mayor parte de los problemas del mundo como tercera posición filosófica, social, económica y política - constituyó la primera etapa de lo que podría denominarse la “despersonalización” de los propósitos que la revolución había encarnado en mí; tal vez porque yo sentía desde mucho tiempo antes vibrar la revolución total del pueblo, y estaba decidido, tal como lo expresé a los trabajadores argentinos el 2 de diciembre de 1943, a “quemarme en una llama épica y sagrada para alumbrar el camino de la victoria”.
La doctrina fue adoptada primero por los trabajadores. “Yo los elegí para dejar en ellos la semilla”. “Lo acabo de expresar: ¡Ellos fueron mis hombres!”. “Elegí a los humildes; ya entonces había alcanzado a comprender que solamente los humildes podían salvar a los humildes”.
Recuerdo que, cuando me despedía de la Secretaría de Trabajo y previsión el 10 de octubre de 1945, entregué a ellos todos mis ideales, diciéndoles más o menos, estas mismas palabras: “No se vence con violencia: se vence con inteligencia y organización”; “las conquistas alcanzadas serán inamovibles y seguirán su curso”; “necesitamos seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan poderosas que en el futuro sean invencibles”; “el futuro será nuestro”.
Antiguas palabras éstas, pero conservan aún toda su vigencia. Regresan hoy a esta alta tribuna para señalar el curso de nuestro irreversible proceso revolucionario y de una vocación nacional de grandeza, que no se pueden torcer ni desvirtuar. Vivimos tiempos tumultuosos y excitantes. Lo que antes apareciera como simple hipótesis y, generalmente, como teoría negada o discutida, es hoy una realidad universal que está determinando el curso de la historia.
Las masas del Tercer Mundo se han puesto de pie y las naciones y pueblos hasta ahora postergados pasan a un primer plano. La hora de los localismos cede el lugar a la necesidad de continentalizarnos y de marchar hacia la unidad planetaria. Felizmente, este tiempo que nos toca vivir y dentro del que somos protagonistas inevitables, nos encuentra a los argentinos unidos como en las épocas más fecundas de nuestra historia.
Es un verdadero milagro el que podamos ahora dialogar y discrepar entre nosotros, pensar de diferente manera y estimar como válidas distintas soluciones, habiendo llegado a la conclusión de que por encima de los desencuentros, nos pertenece por igual la suerte de la Patria, en la que está contenida la suerte de cada uno de nosotros, en su presente porvenir.
Nuestra Argentina está pacificada, aunque todavía no vivimos totalmente en paz. Heredamos del pasado un vendaval de conflictos y de enfrentamientos. Hubo y hay todavía sangre entre nosotros; reconocemos esta herencia inmediata a que me he referido, y extraemos de ella la conclusión de su negatividad. Pero no podemos ignorar que el mundo padece de violencia, no como episodio sino como fenómeno que caracteriza a toda esta época. Que caracteriza, diría a toda época de cambio revolucionario y de reacomodamientos, en que un período de la historia concluye para abrir paso a otro.
Nosotros hemos encarado la Reconstrucción Nacional. Entre sus más importantes objetivos está el de reconstruir nuestra paz. Lo lograremos. No hay nada que no pueda alcanzarse con nuestras inmensas posibilidades y con este pueblo maravilloso al que con orgullo pertenecemos.
No ignoramos que la violencia nos llega también desde fuera de nuestras fronteras, por la vía de un calculado sabotaje a nuestra irrevocable decisión de liberarnos de todos asomo de colonialismo.
Agentes del desorden son los que pretenden impedir la consolidación de un orden impuesto por la revolución en paz que propugnamos y aceptamos la mayoría de los argentinos.
Agentes del caos son los que tratan, inútilmente, de fomentar la violencia como alternativa a nuestro irrevocable propósitos de alcanza en paz el desarrollo propio y la integración latinoamericana, únicas metas para evitar que el año 2000 nos encuentre sometidos a cualquier imperialismo. Superaremos también esta violencia, sea cual fuere su origen.
Superaremos la subversión. Aislaremos a los violentos y a los inadaptados. Los combatiremos con nuestras fuerzas y los derrotaremos dentro de la Constitución y la Ley. Ninguna victoria que no sea también política es válida en este frente. Y la lograremos. Tenemos no sólo una doctrina y una fe, sino una decisión que nada ni nadie hará que cambie. Tenemos, también, la razón y los medios de hacerla triunfar. Triunfaremos, pero no en el limitado campo de una victoria material contra la subversión y sus agentes, sino en el de la consolidación de los procesos fundamentales que nos conducen a la Liberación Nacional y Social del Pueblo Argentino, que sentimos como capítulo fundamental de la liberación nacional y social de los pueblos del continente.
Las fuerzas del orden -pero del orden nuevo, del orden revolucionario, del orden del cambio en profundidad- han de imponerse sobre las fuerzas del desorden entre las que se incluyen, por cierto las del viejo orden de la explotación de las naciones por el imperialismo, y la explotación de los hombres por el imperialismo, y la explotación de los hombres por quienes son sus hermanos y debieran comportarse como tales. Todo esto -y todos tenemos conciencia de ello- se encuentra en marcha. Cada día que pasa nos acerca a las metas señaladas.
Ha comenzado de este modo el tiempo en que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. Esto sólo es ya revolución de suficiente trascendencia como para agradecer a Dios que nos haya permitido vivir para disfrutarlo. Estamos terminando con la improvisación, porque no sólo el País lo exige, sino que el mundo no admite otra alternativa.
Se percibe ya con firmeza que la sociedad mundial se orienta hacia u Universalismo que, a pocas décadas del presente, nos puede conducir a formas integradas, tanto en el orden económico como en el político. La integración social del hombre en la tierra será un proceso paralelo, par lo cual es necesaria una firme y efectiva unión de todos los trabajadores del mundo, dada por el hecho de serlo y por lo que ellos representan en la vida de los pueblos.
La integración económica podrá realizarse cuando los imperialismos tomen debida conciencia de que han entrado en una nueva etapa de su accionar histórico, y que servirán mejor al mundo en su conjunto y a ellos mismos, en la medida en que contribuyan a concebir y accionar a la sociedad mundial como un sistema, cuyo único objetivo resida en lograr la realización del hombre en plenitud, dentro de esa sociedad mundial.
La integración política brindará el margen de seguridad necesario para el cumplimiento de las metas sociales, económicas, científico-tecnológicas y de medio ambiente, al servicio de la sociedad mundial.
El itinerario es inexorable y tenemos que prepararnos para recorrerlo. Y aunque ello parezca contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde ya un profundo nacionalismo cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo con individualidad propia en las etapas que se avecinan.
El mundo en su conjunto no podrá constituir un sistema, sin que a su vez están integrados los países en procesos paralelos. Mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación.
La pertinacia en levantar fronteras ideológicas no hace sino demorar el proceso y aumentar el costo de construcción de la sociedad mundial. Para construir la sociedad mundial, la etapa del continentalismo configura una transición necesaria. Los países han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa, y sobre todas las cosas, sincera.
A niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice.
Queremos trabajar juntos para edificar Latinoamérica dentro del concepto de comunidad organizada. Su triunfo será el nuestro. Hemos de contribuir al proceso con toda la visión, la perseverancia y el tesón que hagan falta. Sólo queremos caminar al ritmo del más rápido. Y teniendo en cuenta que no todos han de pensar de la misma manera, respetuosos de sus decisiones, habremos de unirnos resueltamente con quienes quieran seguir nuestro propio ritmo. Latinoamérica es de los latinoamericanos. Tenemos una historia tras de nosotros. La historia del futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles a ella. Paralelamente, nos uniremos a la acción d los países del Tercer Mundo, con los cuales ya estamos unidos en la idea.
Nuestra tarea común es la liberación. LIBERACIÓN tiene muchos significados:
En lo POLÍTICO, configurar una nación sustancial, con capacidad suficiente de decisión nacional, y no una nación en apariencia que conserva los atributos formales del poder, pero no su esencia
En lo ECONÓMICO, hemos de producir básicamente según las necesidades del pueblo y de la Nación, y teniendo también en cuenta las necesidades de nuestros hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto. Y, a partir de un sistema económica que hoy produce según el beneficio, hemos de armonizar ambos elementos para preservar recursos, lograr una real justicia distributiva, y mantener siempre viva la llama de la creatividad.
En lo SOCIO-CULTURAL, queremos una comunidad que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos, y que agregue a ello todo lo que nos es propio, autóctono, para desarrollar un profundo nacionalismo cultural, como antes expresé. Tal será la única forma de preservar nuestra identidad y nuestra auto-identificación. Argentina, como cultura, tiene una sola manera de identificarse: ARGENTINA. Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar.
En lo CIENTIFICO-TECNOLOGICO, se reconoce el núcleo del problema de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo exige que este conocimiento sea libremente internacionalizado sin ningún costo para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos para esta lucha que recordar las esencias: todo conocimiento viene de Dios.
La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los RECURSOS Y LA PRESERVACIÓN ECOLÓGICA, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre países o entre ideologías. Tenemos que trabajar para hacer también del Tercer Mundo una comunidad organizada. Esta es la hora de los pueblos y concebimos que, en ella, debe concretarse la unión de la humanidad.
Finalmente, la liberación exige una correcta BASE INSTITUTCIONAL, tanto a nivel mundial como en los países individualmente. La organización institucional tendrá que ser establecida una vez clarificado: qué se quiere, cómo se ha de lograrse lo que se quiere, y quién ha de ser responsable por cada cosa.
Venimos haciendo en el País una revolución en paz para organizar a la comunidad y ubicarla en óptimas condiciones a fin de afrontar el futuro. Revolución en paz significa para nosotros desarmar no sólo las manos sino los espíritus, y sustituir la agresión por la idea, como instrumento de lucha política. Hemos sido consecuentes con este principio. Así reunimos a los máximos líderes de los PARTIDOS POLITICOS que no integran el Frente Justicialista de Liberación, en diálogo abierto y espontáneo con los Ministros del Poder Ejecutivo Nacional, y seguiremos haciéndolo en adelante.
La JUVENTUD ARGENTINA, llamada a tener un papel activo en la conducción concreta del futuro, ha sido invitada a organizarse. Estamos ayudándola a hacerlo sobre la base de la discusión de ideas, y comenzando por pedir a cada grupo juvenil que se defina y que identifique cuáles son los objetivos que concibe para el País en su conjunto. Este es el inicio. El fin es la unión de la juventud argentina sin distinciones partidarias; y el camino es el respeto mutuo y la lucha, ardorosa sí, pero por la idea.
Los TRABAJADORES, columna vertebral del proceso, están organizándose para que su participación trascienda largamente de la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El país necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la sociedad a la cual aspiran de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales. Ello exige capacitación intensa y requiere también que la idea constituya la materia prima que supere a todos los demás instrumentos de lucha.
Los EMPRESARIOS se han organizado sobre las bases que han hecho posible su participación en el diálogo y el compromiso. De aquí en más, el Gobierno ha de definir políticamente, actividad por actividad, y comprometer al empresario en una tarea conjunta, para que su capacidad creativa se integre al máximo el interés del País.
Para identificar el papel de los INTELECTUALES, haya que comenzar por recordar que el País necesita un modelo de referencia que contenga, por lo menos, los atributos de la sociedad a la cual aspira, los medios de alcanzarlos, y una distribución social de responsabilidades para hacerlo. Este proceso de elaboración nacional tendrá que lograrse convergiendo tres bases al mismo tiempo: lo que los intelectuales formulen, lo que el País quiera y lo que resulte posible realizar. A ellos toca organizarse para hacerlo. El intelectual argentino debe participar en el proceso, cualquiera sea el país en que se encuentre.
Las FUERZAS ARMADAS están trabajando en el concepto de guerra total y, en consecuencia, de defensa total. La verdadera tarea nacional es la de la liberación, y nuestras Fuerzas Armadas la han asumido en plenitud. La defensa se hace así contra el neocolonialismo y, el compromiso de las Fuerzas es con el desarrollo social integrado del País en su conjunto, realizado con sentido nacional, social y cristiano.
Hay una cabal coincidencia entre la concepción de la IGLESIA, nuestra visión del mundo y nuestro planteo de justicia social, por cuanto nos basamos en una misma ética, en una misma moral, e igual prédica por la paz y el amor entre los hombres.
En cuanto a la MUJER, estamos profundamente satisfechos, como mandatarios y como hombres, de su evolución en nuestra sociedad. Más de veinticinco años pasaron desde que la asignación del derecho de voto femenino terminó con su subordinación política. Nuestras mujeres mostraron desde entonces que pueden trabajar, elegir y luchar como los varones y preservar, al mismo tiempo, los atributos de femineidad y de esposas y madres ejemplares con que impregnan de afecto nuestra vida.
Estas concepciones, que vienen fortificando nuestra acción presente y que constituyen nuestro programa grande para el futuro, configuran el contenido básico del MODELO ARGENTINO que en breve ofreceremos a la consideración del País.
Nuestra Argentina necesita un PROYECTO NACIONAL, perteneciente al país en su totalidad. Estoy persuadido de que, si nos pusiéramos todos a realizar este trabajo y si entonces comparáramos nuestro pensamiento, obtendríamos un gran espacio de coincidencia nacional. Otros países que han elaborado un estilo nacional tuvieron uno de dos elementos en su ayuda: o siglos para pensarse a sí mismos, o el catalizador de la agresión externa.
Nosotros no tenemos ni una ni otra cosa. Por ello, la incitación para redactar nuestro propio MODELO tiene que venir simplemente de nuestra toma de conciencia. Como Presidente de los argentinos propondré un MODELO a la consideración del país, humilde trabajo, fruto de tres décadas de experiencia en el pensamiento y en la acción. Si de allí surgen propuestas que motiven coincidencia, su misión estará más que cumplida.
El MODELO ARGENTINO precisa la naturaleza de la democracia a la cual aspiramos, concibiendo a nuestra Argentina como una democracia plena de justicia social. Y en consecuencia, concibe al Gobierno con la forma representativa, republicana, federal y social. Social por su forma de ser, por sus objetivos y por su estilo de funcionamiento.
Definida así la naturaleza de la democracia a la cual se aspira, hay un solo camino para alcanzarla: gobernar con PLANIFICACIÓN.
Habremos también de proponer al País una reforma de la CONSTITUCION NACIONAL. Para ello estamos ya trabajando desde dos vertientes: por un lado, recogiendo las opiniones del País; y por el otro, identificando las solicitaciones del MODELO ARGENTINO.
Quiero finalmente referirme a la PARTICIPACION dentro de nuestra democracia plena de justicia social.
El ciudadano como tal se expresa a través de los partidos políticos, cuyo eficiente funcionamiento ha dado a este recinto su capacidad de elaborar historia.
Pero también el hombre se expresa a través de su condición de trabajador, intelectual, empresario, militar, sacerdote, etc.
Como tal, tiene que participar en otro tipo de recinto: el CONSEJO PARA EL PROYECTO NACIONAL que habremos de crear enfocando su tarea sólo hacia esa gran obra en la que todo el País tiene que empeñarse.
Ningún partícipe de este CONSEJO ha de ser un emisario que vaya a exponer la posición del Poder Ejecutivo o de cualquier otra autoridad que no sea el grupo social al que represente.
Queremos, además, concretar nuestro pensamiento acerca de la forma de configurar las concepciones de cada grupo social y también de cada grupo político.
Concebimos que los criterios formalizados en bases, plataformas u otros cuerpos escritos que expresen el pensamiento de partidos políticos y grupos sociales, no pueden ser otra cosa que su versión de PROYECTO NACIONAL.
Esclarezcamos nuestras discrepancias, y, para hacerlo, no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones.
Limpiemos por dentro nuestras ideas, primero, para construir el diálogo social después.
Estas son, señores Legisladores, las principales reflexiones que, como Presidente de todos los Argentino me he sentido en el deber de traer hoy a vuestra alta consideración.
JUAN DOMINGO PERÓN
[1] Este mensaje dado en el Congreso Nacional poco después de asumir por tercera vez la presidencia de la Nación, ha sido dado a llamar el testamento político de Perón. En el, Perón define el proceso político mundial que hoy conocemos globalización, (Perón lo define como universalismo) como un hecho inevitable frente al cual debemos proteger nuestro patrimonio, económico, territorial y cultural, más que nunca antes.

viernes, 15 de noviembre de 2019

A pocas horas de regresar a su Patria, Perón le escribía a su pueblo hace 47 años




Carta "A mi Pueblo" (15 de noviembre de 1972)

Escrito por Juan Domingo Perón.

"A mi Pueblo"

Compañeros peronistas:

Pocos podrán imaginar la profunda emoción que embarga a mi alma ante la satisfacción de volver a ver de cerca a tantos compañeros de los viejos tiempos, como a tantos compañeros nuevos, de una juventud maravillosa que, tomando nuestras banderas, para bien de la Patria, están decididos a llevarlas al triunfo.

También, como en los viejos tiempos, quiero pedir a todos los compañeros de antes y de ahora, que dando el mejor ejemplo de cordura y madurez política, nos mantengamos todos dentro del mayor orden y tranquilidad. Mi misión es de paz y no de guerra. Vuelvo al país, después de dieciocho años de exilio, producto de un revanchismo que no ha hecho sino perjudicar gravemente a la Nación. No seamos nosotros colaboradores de tan fatídica inspiración.

Nunca hemos sido tan fuertes. En consecuencia ha llegado la hora de emplear la inteligencia y la tolerancia, porque el que se siente fuerte suele estar propicio a prescindir de la prudencia.

El pueblo puede perdonar porque en él es innata la grandeza. Los hombres no solemos estar siempre a su altura moral, pero hay circunstancias en que el buen sentido ha de imponerse. La vida es lucha y renunciar a ésta es renunciar a la vida'; pero, en momentos como los que nuestra Patria vive, esa lucha ha de realizarse dentro de una prudente realidad.

Agotemos primero los módulos pacíficos, que para la violencia siempre hay tiempo. Desde que todos somos argentinos, tratemos de arreglar nuestros pleitos en familia porque si no serán los de afuera los beneficiarios. Que seamos nosotros, los peronistas, los que sepamos dar el mejor ejemplo de cordura.

Hasta pronto y un gran abrazo para todos.

Juan Domingo Perón

15 de noviembre de 1972

miércoles, 21 de agosto de 2019

Hace 49 años Perón le escribía al dirigente Raimundo Ongaro





Carta al Sr. Raimundo J. Ongaro 21 de agosto de 1970.

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 21 de agosto de 1970.

Al Sr. Raimundo J. Ongaro

Buenos Aires

Mi querido amigo y compañero:

Acabo de recibir su carta del 7 pasado y le contesto de inmediato, porque ya me ha llegado con cierto retardo de acuerdo con su fecha. Le agradezco sus palabras entusiastas que son un estímulo para este viejo luchador, como asimismo la de sus muchachos que me llenan de emoción no sólo por lo que ellas representan sino también porque los sé puros y patriotas, alejados de toda simulación o intereses como a los que estamos ya acostumbrados por la acción de ciertos sectores tan descompuestos. De eso nace mi fe inquebrantable en la juventud argentina y en el destino de la Patria que ellos han de forjar con su sacrificio y su pureza.

Tengo también el placer de adjuntarle la autorización para el padrinazgo del hijito del compañero Sandoval.

Sobre la situación y sobre cuanto está pasando en el país, comparto sus atinados juicios, como también espero y anhelo el mayor de los éxitos al inmenso esfuerzo que realizan y los sacrificios que aceptan con toda entereza.

Por lo que está pasando después del "cambio de guardia" no podemos hacernos ilusiones. Harán lo que deben sólo en el caso en que se los obligue mediante una acción que les indique a seguir un camino insoslayable; de lo contrario, volverán a sus andadas. Le adjunto un ejemplar de las "Declaraciones del Mo­vimiento hechas por el Comando Superior Peronista" por si no le hubieran llegado de acuerdo con mis instrucciones. Allí tratamos de enjuiciar la realidad emergente por lo que se ha venido haciendo hasta ahora que, desgraciadamente, con respecto a soluciones, no da para mucho.

Indudablemente, de acuerdo con lo que se ha dicho por los funcionarios del "nuevo gobierno", nada ha variado y todo sigue en la nebulosa más insólita, como sucede siempre que se trata de ocultar la verdad y cambiar una realidad tan clara como el agua. Toda esta escuela de simulación insidiosa que venimos soportando desde hace ya quince años es una experiencia suficiente como para que ahora podamos comulgar con ruedas de carreta.

Esta gente no parece obedecer sino a la "ley de la necesidad". Por eso creo firmemente que Ustedes están en lo cierto al empeñarse en una lucha abierta y directa que deshaga los sofismas en que ellos tratan de asentar su falta de razón y patriotis­mo. He seguido y sigo de cerca la verdadera lucha, como asimismo conozco las aparentes acciones de los que tienen ya el co­razón intimidado y sólo obedecen a determinados intereses y dentro de los cuales también la conducción tiene sus problemas. Pero todo confirma que tenemos razón y, con la razón, todas las posibilidades están de nuestra parte. El tiempo será quien ha de decir su última palabra. Ustedes deben seguir sin desmayo en lo que están, pese a cuanto se diga y se haga porque en la lucha vale tanto como el valor la perseverancia con que se lo ejecuta.

Yo sólo le pido que haga llegar a los muchachos, junto con mis saludos más afectuosos, mis mejores deseos, especialmente a los que pagan en la cárcel el hecho de ser los mejores argentinos. No sé si les habrá llegado mi carta, pero espero que por su intermedio tenga yo la satisfacción de saber que no los olvido y que mi corazón está y estará siempre con ellos.

He leído sus declaraciones en los recortes que me envía: todas ellas revelan los más honestos pensamientos que un argentino de verdad puede albergar en la actualidad. Frente a la simulación y la mentira regimentada sus palabras suenan como latigazos en la cara de los sirvengüenzas de todos los bandos. Lo felicito. Muchas gracias por sus amables palabras para mí y yo seré muy feliz al saber que están ustedes persuadidos de que los acompaño de corazón. Saludos para todos los compañeros. Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón